Respuesta corta: no puedes ir con ellos, y no deberías intentarlo. Lo que sí puedes hacer es dedicar un par de horas antes de que se vayan a asegurarte de que lo básico está cubierto, para que si algo sale mal —una mochila robada, una conexión perdida, una mala noche en un albergue— tengan lo necesario para resolverlo por sí mismos.
Antes de que se vaya
Organizad juntos los documentos. Fotografiad el pasaporte, el DNI, el seguro y cualquier receta médica, y guardad copias en algún sitio además del móvil — enviáoslas también por correo electrónico. Si pierde el móvil o se lo roban, esto es lo que salva el viaje.
El seguro no es opcional. Un buen seguro de viaje con cobertura médica es lo único realmente difícil de arreglar a posteriori si pasa algo. Comprueba que cubre los países y las actividades concretas del itinerario.
Regístrate en el servicio de registro de viajeros correspondiente si el itinerario incluye algo de mayor riesgo, o si es un viaje largo. Lleva unos minutos y permite que su gobierno pueda localizarlo en caso de emergencia.
Organiza el dinero antes de que lo necesite. Una tarjeta que funcione bien en el extranjero sin comisiones abusivas, algo de efectivo de reserva repartido entre varias bolsas en lugar de en una sola cartera y, si puedes, una forma de enviar dinero de emergencia rápidamente si hace falta.
Establece una rutina sencilla de contacto
El seguimiento constante de la ubicación suele generar fricción y les enseña a ocultarse en lugar de comunicarse. Un mensaje diario o cada dos días funciona mejor: "todo bien, en Praga, mañana salgo hacia Viena" lleva diez segundos y te dice todo lo que realmente necesitas saber.
Acordad explícitamente, antes de que se vaya, que puede llamarte por cualquier motivo —una mala situación, salir de un aprieto, dinero de emergencia— sin que eso venga acompañado de un sermón. Los adolescentes y jóvenes suelen retrasar pedir ayuda por miedo a la reacción. Eliminar esa preocupación de antemano es una de las medidas de seguridad más eficaces que tienes a tu alcance, y no cuesta nada.
También merece la pena acordar una palabra o frase clave familiar: algo que pueda enviarte por mensaje si está en una situación de la que quiere salir pero no puede decirlo abiertamente — por ejemplo, "¿me puedes mandar la contraseña del wifi?", acordado de antemano para significar "llámame, necesito una excusa para irme."
Lo práctico que de verdad importa
- Taquillas de estación en lugar de cargar con toda la mochila — hacer turismo con todos tus objetos de valor a la espalda todo el día es cuando las cosas desaparecen.
- Albergues con buenas reseñas recientes, taquillas y recepción 24 horas — no solo la opción más barata.
- Repartir el efectivo y las tarjetas entre más de una bolsa, para que un solo robo no suponga perderlo todo.
- Un plan aproximado compartido contigo cada vez que cambie de ciudad — no un itinerario minuto a minuto, solo lo suficiente para que sepas por dónde empezar a buscar.
- Hábitos básicos de atención: caminar con paso decidido, no mostrar el móvil o la cartera en estaciones concurridas, desconfiar de desconocidos excesivamente serviciales en los andenes — el tipo de cosas que suenan obvias hasta que estás cansado, con jet lag, y de pie en una estación desconocida a las once de la noche.
Sobre la propia ansiedad
Merece la pena decirlo directamente: esta ansiedad viene sobre todo de que tú no vas a estar ahí, más que del nivel de riesgo real. El interrail es, estadística y prácticamente, una forma segura de que los jóvenes viajen, y la inmensa mayoría de los viajes transcurren sin incidentes. La preparación anterior sirve para cerrar los pequeños huecos cotidianos —un pasaporte perdido, un móvil sin batería, un tren perdido— no para un caso extremo poco probable. Prepararse en exceso para una catástrofe normalmente solo traslada tu ansiedad a ellos. Una conversación tranquila y práctica sobre lo cotidiano hace más bien que una larga lista de advertencias.